En una tranquila mañana del primer sábado del mes, el cielo se tiñó de dorado y azul. La oración parecía surgir con mayor facilidad con el viento que soplaba entre los árboles. En esa quietud surgió una profunda reflexión sobre el discernimiento, la maternidad y la responsabilidad que tenemos por las almas que nos han sido confiadas.
En las últimas semanas, me he dado cuenta de lo fácil que es que incluso las buenas intenciones se desvíen del camino seguro de la voluntad de Dios. Al leer esta publicación, comprendí que los sueños, la oración y las suaves advertencias del Espíritu revelan el camino a seguir. También desvelan peligros que de otro modo habrían permanecido ocultos.
Estas reflexiones se convirtieron en una oración por una mayor vigilancia. También se convirtieron en una súplica por la Don de discernimiento. Esto ocurre en momentos en que la confusión y el engaño parecen hacerse más patentes en el mundo que nos rodea.
Lea la reflexión completa aquí.


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