Hemos colocado a Jesús en la tumba. Una enorme piedra ha sido colocada frente a ella. Centuriones han sido apostados para impedir cualquier robo de su cuerpo.
Respiro más despacio y profundamente, con dificultad. Me abruma el dolor, incapaz de expresarlo.
¿Cómo es posible?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué tuvo que morir mi Señor?
Se percibe una pesadez en el ambiente. Los sonidos son suaves, como si algo profundo estuviera ocurriendo.
Todo está en silencio.
Nos miramos con preguntas que ninguna palabra puede expresar.
Pero, ¿qué hacemos ahora?
¿Qué guía nos dio?
¿Adónde vamos?
¿Cómo voy a poder dormir esta noche?
Intento dormir. Doy vueltas en la cama hasta la mañana.
¿Ha sido todo esto un espejismo?
Al levantarnos por la mañana, nos miramos unos a otros. Sabemos que todos llevamos las mismas preguntas.
Transcurrimos el día con solemnidad.
Escuchamos sus palabras:
“La piedra que el constructor desechó será la piedra angular…
Levantaré el templo en tres días.”
¿Qué quiso decir?
📚 Referencias
Sagrada Escritura
- Evangelio de Mateo 27:57–66
- Evangelio de Marcos 15:42–47
- Evangelio de Lucas 23:50–56
- Evangelio de Juan 19:38–42
Palabras recordadas
- Salmos 118:22
- Evangelio de Juan 2:19–21


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