Convertirse en santo a los ojos de Dios
Cuando comencé a escribir Convertirse en santo a los ojos de Dios, No me propuse definir la santidad. Me propuse escuchar. Reflexionar. Caminar lentamente a través de la pregunta: ¿Qué significa convertirse en santo, santo no a los ojos del mundo, sino a los ojos de Dios? No buscaba la perfección. Buscaba lo esencial. Las decisiones cotidianas y silenciosas que forjan el alma. La gracia que nos acompaña en nuestra debilidad y nos invita a seguir adelante.
Esa serie se convirtió en un espacio para reflexionar sobre lo ordinario y lo sagrado, lo visible y lo invisible, la fe y las obras, los momentos que nos moldean cuando nadie nos observa. Nunca se trató de llegar a un destino. Siempre se trató de llegar a ser.
Sobre el discernimiento
A partir de ahí, me enfoqué en el discernimiento, no como una fórmula, sino como una forma de ser. Compartí reflexiones sobre cómo escuchar la voz de Dios, cómo discernir los espíritus, cómo esperar, caminar y maravillarnos. Escribí sobre la diferencia entre el miedo y la cautela, entre la paz y la pasividad. Exploré la tensión entre el anhelo y el desapego.
He llegado a creer que el discernimiento no se trata de encontrar la respuesta "correcta", sino de convertirse en el tipo de persona que camina con Dios a través de cualquier respuesta. Se trata de confianza. Y la confianza es un trabajo lento.
La serie Compass: Un cambio de rumbo
De ese espacio nació la Serie Brújula. Tenía la esperanza de que pudiera ser una especie de guía espiritual, un mapa de ruta para quienes recorren su camino de fe. Imaginé escribir cada dos viernes a las 10 de la mañana, ofreciendo reflexiones que pudieran orientar los corazones hacia Dios.
Pero a través de la oración y el discernimiento, he llegado a comprender algo con claridad: esta peregrinación es demasiado personal, demasiado íntima y demasiado sagrada como para que yo pueda guiar a otros en ella. No puedo acompañarte en tu camino. Solo puedo recorrer el mío con la Santísima Trinidad a mi lado, revestida con la armadura de Dios, y compartir lo que aprenda en el camino.
Así que abandono la idea de un horario. Abandono la idea de ser un guía. Y regreso a lo que la Serie Brújula siempre pretendió ser: una ofrenda serena. Un momento de orientación. Una linterna alzada, no una correa tensa.
Qué esperar de cara al futuro
La serie Compass continuará, pero sin un horario fijo. No habrá una publicación cada dos viernes a las 10 de la mañana. En cambio, escribiré cuando sienta la inspiración, cuando algo me inspire y pueda ser útil para otros. Cada uno de nosotros recorre su propio camino, y cada viaje es único y a su propio ritmo.
Cada publicación de Compass estará marcada con una imagen destacada que incluye una pequeña brújula. Esa será tu señal: Este es un momento de dirección, no de destino. Un momento que merecía la pena compartir. Un momento que podría ayudarte a detenerte, reflexionar y reorientarte.
Los temas variarán, pero siempre estarán arraigados en la fe cristiana en Dios. Reflexionaré sobre diferentes formas de oración, la vida de los santos, la gracia de los sacramentos, la práctica diaria de la virtud y las luchas que todos enfrentamos contra el vicio. Compartiré otras reflexiones a medida que surjan, siempre con la esperanza de que sean una bendición, no una carga.
Una última palabra
Si buscas orientación, te animo a orar. A buscar un consejero espiritual. A confiar en que Dios ya te acompaña, incluso cuando el camino parezca incierto.
No puedo recorrer tu camino por ti. Pero puedo sostener una brújula de vez en cuando y decir:, “Aquí es donde he encontrado la luz.”
Que todos podamos seguir caminando, despacio, con fe y con asombro.
Con gracia y paz,
~Todo sobre ti


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