Al comenzar esta semana, tengamos presente el Salmo 46:10: “Estad quietos y sabed que yo soy Dios.”
Dios nos invita a la intimidad, no mediante el ruido ni el esfuerzo, sino a través de una confianza serena. Él nos ama y anhela una relación con nosotros. Es en la quietud del alma, en la quietud del momento, en la quietud al estudiar su Palabra, donde crecemos en santidad.
No estamos llamados a estar ocupados haciendo cosas para Dios. Estamos invitados a ser con A él.
Recuerden a María y Marta. María eligió la mejor parte: descansó a los pies de Jesús. Eso no significa que Marta estuviera equivocada. Pero sí nos muestra lo que Jesús más desea: nuestra atención, nuestra presencia, nuestra intimidad.
Si te resulta difícil estar en silencio con Dios, haz una pausa y pregunta: ¿Qué me distrae? ¿Qué me está alejando de Aquel que simplemente quiere estar conmigo?
Esta semana, tómate un tiempo para reflexionar sobre lo que Dios te pide. Descansa en sus brazos, reconociendo que tú también deseas esa relación. Y pídele que te ayude a recibir su paz.


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