Como hemos visto en los últimos doce años, la vida puede cambiar drásticamente, aunque no puedo evitar preguntarme si realmente es para mejor. Los últimos cuatro años han sido un auténtico caos, y predecir cómo serán los próximos tres parece completamente inútil. Lo que sí sé es que, durante estos cuatro años, mis impuestos se han disparado mientras que mi salario apenas sigue el ritmo del vertiginoso aumento del coste de la vida. Si tengo la suerte de recibir una bonificación, se siente más como una rara excepción que como la regla. Cada vez que pido un aumento, la respuesta es siempre la misma: la empresa no puede permitírselo. Esa es la realidad en la que vivo, al menos en lo que a finanzas se refiere.
En tres años, estaré más delgada y saludable. He reducido significativamente mi consumo de azúcar y carbohidratos, siguiendo el consejo de mi médico: si es blanco, no es bueno. Eso significa eliminar todos los alimentos blancos como el pan, las galletas, las patatas y el arroz blanco. Ya he experimentado una rápida pérdida de peso al eliminar estos alimentos, y estoy decidida a mantener ese progreso. Casi nunca bebo refrescos y estoy comprometida con la transición a una dieta más basada en plantas. Sé que en tres años mi vida puede evolucionar de maneras emocionantes, y estoy preparada para ello. Pero decir cómo será eso es otra historia.
Mentalmente, espero desafiarme a mí mismo para mantenerme más alerta y aprender más, aprovechando nuevas experiencias que me desafíen y estimulen mi mente. Al buscar activamente oportunidades de crecimiento, ya sea a través de la lectura, participando en debates que inviten a la reflexión o abordando problemas complejos, busco mejorar mis capacidades mentales y ampliar mis conocimientos. Este camino de superación personal no solo enriquece mi comprensión del mundo que me rodea, sino que también fomenta una curiosidad que me impulsa a explorar nuevas perspectivas e ideas. Pero adónde me llevará esto es otra historia.
Espiritualmente, es ahí donde veo que experimentaré mayor crecimiento, al emprender un camino de autodescubrimiento y una comprensión más profunda de mi fe en Dios. Este camino está lleno de oportunidades para la reflexión, el aprendizaje y la conexión con la Santísima Trinidad. En cuanto a dónde estaré, aún no podría decirlo; el futuro sigue siendo un misterio lleno de posibilidades. Dios me guiará, orientando mis pasos mientras navego por las incertidumbres de la vida y acepto los cambios que se presenten. Confío en que cada experiencia me moldeará y me acercará a mi verdadero propósito.
En resumen, es imposible saber qué nos depara el futuro, ya que la imprevisibilidad de la vida a menudo nos presenta desafíos inesperados. Aun así, sé que daré lo mejor de mí y haré todo lo posible por prepararme para lo que venga. Esta preparación implica no solo planificar posibles dificultades financieras, sino también cultivar mi resiliencia para afrontar circunstancias imprevistas. Ruego que los impuestos no suban más, o al menos, que encuentre más dinero para pagar las facturas. En este delicado equilibrio entre esperanza y aprensión, me mantengo firme en mi compromiso de buscar la estabilidad y sacar el máximo provecho de lo que venga, sabiendo que cada paso que doy es una forma de construir un futuro más seguro. Agradezco que nuestro Señor me cuide y tengo la certeza de que prosperaré. Después de todo, nada dura para siempre, y cada día trae una oportunidad de renovación y crecimiento.


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