Cuando oímos la expresión “alfarería”, imaginamos manos firmes sobre arcilla húmeda, un torno girando, la presión dando forma a algo útil a partir de algo blando. El proceso es rítmico, casi meditativo. El alfarero no fuerza la arcilla. La forma surge a través de la paciencia, la presión y una guía cuidadosa.
En este proyecto, la tela y el tendedero sustituyen a la arcilla. En lugar de un torno, una máquina de coser zumba constantemente mientras las bobinas se guían para tomar forma. El movimiento es diferente, el material es diferente, pero el principio es el mismo: algo ordinario se transforma en algo con propósito mediante la atención y la intención.
Hay algo sutilmente hermoso en esa idea. A veces, Dios nos moldea mediante las herramientas habituales: la oración, las Escrituras, los sacramentos. Otras veces, utiliza un medio completamente diferente. Un tiempo de espera. Un proyecto creativo. Un cambio de ritmo. El proceso de transformación continúa, incluso cuando el método nos sorprende.
Este cuenco de tela es un pequeño recordatorio de que el proceso de formación y el ser formado a menudo son diferentes de lo que imaginamos.


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